Odisea


Hace mucho que no escribo, y me da miedo enfrentarme a mis palabras... Pero sé que debo hacerlo para calmar mi piel y mi mente. Y bueno, esta es mi oda al amor y al odio, a tus miedos y a mis sueños, a tu cuerpo y a mi mente...

Ying
Te odio. Por todo lo que me has hecho y dicho, por todos los miedos que creaste en mi. Por la incertidumbre y tus balanceos, por que no confío en ti del todo... Por las veces que me hiciste llorar en tu cuello, por que me odiaba a mi misma cuando te dañaba con mis verdades y dudas. Por las veces en las que he querido huir de ti.
No me haces falta.
No te necesito.
Puedo vivir sin ti.   
                                                                                                    ¿Cada uno en su lugar?
Todo lo que dijiste, y como me abriste los ojos al ver que no eras, ni eres necesario. Que todo fluía bien antes de encontrarte y que todo iría bien si desaparecieras... A pesar del dolor quizás me liberaría de todo esto. Te odio por tus miedos y tus anhelos, y por que sé que hay mucha gente dispuesta a amarme más que tu, a quererme de verdad. No como tú, que me quieres a medias. Las discusiones, nuestros vicios y suplicios, él intentar desgastarnos el uno al otro y destruirnos. El intentar crear un pasado juntos…
No sabes lo que cuesta amarme
Lo sé, sé mucho de ti, conozco tu oscuridad como si hubiera sido mía. Y cuando probé tu veneno… me asustó pero me hizo quererte aún más. Tal vicio cual droga cielo… Como si necesitara salvarte de ti mismo. Enseñarte lo bueno que hay en las pequeñas cosas, una caricia, un orgasmo, una sonrisa, tu risa, y mis ojitos tristes…
Te odio por hacerme enfrentar mis miedos, por haberme llevado a quererme, por haber hecho que afrontara mis barrotes y los palpara sin miedo a que se rompieran. Destruiste mis barreras, me desnudaste en todos los sentidos, contigo fui yo, lo cual me asusta y perturba, pero me hacía sentir tan deliciosamente bien. Tanto fuego en tu piel de acero, en tus rasgos duros y en tus manos anchas… Tus abrazos fríos en aquellas noches que infundían calor a mi alma, derretían todas mis incertidumbres. Te odio por ser tan bueno conmigo, por haberte encontrado y por haber encajado en mi cuerpo de esa manera.
No comprendo que hago aquí… ¿y si no me merecieras? ¿Y se te marcharas mañana? ¿Y si todo saliera bien…? ¿Y si de verdad funcionamos? ¿Y si llego a quererte un poco más…?
Tengo tanto miedo de que exista un nosotros
Yang
Te quiero, sinceramente, te quiero mucho. Aunque te lo diga poco.
“Me niego a creer que sea solo sexo”
Por que si fuera así, no sería tan bueno…

Te quiero, quiero cada parte de tu cuerpo y de tu mente.
Quiero tenerte aquí y que me hagas el amor como la 1º vez, o como la 2º o la 3º… o las otras tantas. Aquellas que me hacían quererte tanto, cuando solo quería fundirme en ti, para siempre.
-Recuerda, always yours..
Las ansias, las caídas, cada una de las sonrisas que llevaban mi presencia.

Te prometo la cosa más linda.. ¿te gusta el rap?

No comprendo mucho como va esto.. he pasado noches con otros, otros como tu, y te juro que las cambiare por que hubieran sido solo tuyas. “Por que a veces algo en mi mente susurra: ámalo, atalo, asúmelo y hazlo tuyo”.  Que pena que encajaramos tan bien, ¿verdad cariño?
Que pena que pareciera que ya habia probado tu veneno, y que tus dedos ya me habían recorrido, en otra vida quizás.
-Pues quizás deberiamos estar juntos en esta
Ahh, me encontré a mi misma en tus brazos, encontré la persona que quería ser.

Cambia, cambia, cambia.

Y me hablas de celos, y luego me miras y me hablas de amor a tu libertad.
Yo te hablo de amor a tus errores y a tus juicios, de amor a tus odios y miedos. De amor a los cambios y a mi deseo de crecer en ti. Ser libres juntos.

Que rabia cuando indagué en tu vida y me gusto tanto lo que vi, y como todo fluia…
Y las ganas que me dieron de robarte, de robar tu tiempo y tus cercanias, tu pasado y tu futuro, tu mirada y quizás ganas de que echaras tus raices en mi y me hicieras parte de todo aquello.

Muchas veces pienso en dejarlo. Pero otras pienso en dejar todo lo demas por ti.

¿Y si saliera bien?

Quiero hacerme necesaria y que te duela, que cuando vuelvas, y me tengas, otra vez…. Sea perfecto.

¿Y si te dijera que deseo que salga bien?

Amor… quizás cuando todo esto pase, lo recordemos con cariño. “¿Ey, te acuerdas de Laura, la chica esta de murcia de hace unos años? Buah… parece que hace siglos de eso. Me pregunto como estará… si ella también me recuerda… o si solo quedan cenizas.” “Acho tia, mira que temazo de Crema, que bonito. Anda.. si esta me la enseñó Abel, el gallego de hace unos añicos. Buah… cuanto tiempo ¿Cómo estará? Fue una locura… ¿eh? Si.. Abel. Me pregunto si habrá cambiado mucho, si ha encontrado a alguien o si solo quedan cenizas…
Donde hubo fuego…
Pero te imaginas que al recordar nuestros principios nos giraramos y nos encontraramos enredados uno con el otro. Con tu boquita y tus ojos dulces cerca.. yo con los mios tristes y con mi boca hundida en tu cuello… con mi mano en tu pecho y tu con tus brazos pegados a mni cintura.

Nene pase lo que pase, siempre sera delicioso recordar nuestros instantes y siempre me hara feliz verte y sentir la misma intensidad como el primer instante.

Quero te. Siempre. 

...


Ella no sabe lo que tú y yo hicimos anoche
Claro que no lo sabe.
por que tu no serías capaz de contárselo y yo, pues tampoco.
No sabe que nos encontramos sin querer y que ninguno de nosotros esperaba que el otro estuviera allí, en ese lugar, en ese momento.
Todo sucedió muy rápido.
Por su parte fue algo egoísta, por la mía, algo estúpido.

Sus "palabras" fueron claras, aunque estaba nervioso. Parecíamos movidos por alguna emoción que no llego a comprender. Tampoco creo que él entienda nada.
Quizás hubiera sido mejor no haber cambiado de acera, o mejor que hubiera seguido caminando. Pero no; eso no era lo que tenía que pasar.

Al principio me sentí mal, después solo había calor.
Luego, humedad, velocidad. Relantizamos.
Fue buscarte y encontrarte, ahí, demasiado cerca. Luego humedad.
No sabíamos parar, allí, con tus manos en mi cadera, no había frenos.
O no queríamos encontrarlos.
Seco. Cerquita. Pensar, volver, luego solo había humedad.
Ella vivía en tu boca y cuando encontraste la que vivía en la mía te volviste loco,
y yo cuerda.
Pensaba, pero no recordaba como parar. Y tú no me dejabas hacerlo y nos perdimos.
¡Debías encontrarte! Razona, joder.
Pero allí sobraban las palabras. Y mi boca te odiaba.
M u e r d e
Eso estaba mal. ¿Pero por que nos sentíamos tan bien...? ¿Tan vivos?
Tus emociones, locas, bobas, incontroladas, feroces conmigo y contigo.
Volviste a morder.
Otra vez, y la humedad era permanente.
Tu sabor recorría mi piel.
Exhausta. Tú, aún más exhausto.

Y me marché. Y te quedaste con las ganas y yo con los labios húmedos


Pero no pasa nada.
De verdad.
No pasa nada

JODER, pues claro que pasa.
Y tanto que pasa;
pasa demasiado

ella no lo sabe, ni lo va a saber, ¿verdad?

No pienses
Recuerda

Yo recuerdo:
-¿Y ahora?
-No sé, ¿crees que debo hacer lo correcto o lo que quiero?
-Creo que debes hacer lo correcto para ti
-Que egoísta suena eso...
-
Es mi opinión, y no me considero una persona egoísta. Así que...
-Te quiero
-
Ves, querer a dos personas si que es egoísta.

Silencio.
Me miraste preocupado. Yo callaba.
No sabías que decir, no encontrabas una solución.
yo, triste y con los labios húmedos.
tú, pensativo, perfecto. Problemático.

Piensa
No recuerdes

Y tú vivías en un continuo acto reflejo. Si pensaba en mí, ella le recordaba su presencia con un beso. Si estaba con ella, recordaba; humedad, sin frenos, no razonar. No pensar. Me recordaba y eso lo llevaba a la locura. Si estaba conmigo recordaba el cariño de ella, y así vivía, mejor dicho, sobrevivía.

Vives en un acto reflejo. Bájate, para.
RESPIRA y descansa.

El tiempo lo pone todo en su lugar.
Pues démosle tiempo a tu cabecita loca.

-Las emociones no se comparten. Ni siquiera se destruyen, solo cambian. Las sensaciones nos encogen, y nos devoran. La dificultad de las relaciones personales aumentan cuando hay alguien de más. Las cosas son complicadas. Todo se juega en una jugada o se deja para después. Se relamen las sobras de lo que vivimos alguna vez, aquello con lo que fuimos felices.


Bueno, todo eso, ya sabes.
Que te quiero.

Adam Blues, él pequeño alemán


Hacía frío. La noche amenazaba con caer, él tiritaba y aburrido, sentado en la acera, miraba pasar a los transeúntes con sus caros abrigos de piel y sus zapatos ostentosos. Las narices teñidas de un color rojizo, las luces colgadas de los escaparates y el gran abeto decorado en la plaza Altonaer Balkon solo quería decir que la Navidad había llegado a Hamburgo. Ese verano de 1998 se había hecho largo para todos, el otoño había durado solo tres días y la estación invernal venía ansiosa. La temperatura era de seis grados y empezaría a nevar en pocas horas. La rutina era reconfortante para él. Era lo único que le quedaba.
Tenía hambre, como siempre. Cogió su mochila vieja y se la echó al hombro. Sabía donde calmar su apetito; solo tenía que encontrar a Sabine, no sería muy difícil. Atravesó unas cuantas calles, andaba atento a cualquier indicio de la  presencia de la muchacha. Los edificios grises lo engullían todo, la marea de gente iba disminuyendo poco a poco y en unos cuantos minutos la encontró. Ella ya se marchaba, iba a cruzar la esquina pero él apresuró el paso, ella frenó. Su cara azabache estaba seria y en la mano llevaba una manzana roja que le tendió al instante. El niño la cogió y en cuanto dijo gracias, Sabine se marchó. Aquella niña de quince años le gustaba mucho. Pero él jamás le había dicho nada a nadie. Siempre le daba comida, le ayudaba a conseguir sitio donde dormir o le enseñaba cosas nuevas, como hacer mejores muñecos de nieve, como peinarse o como hacer enfadar a los ancianos del parque en un par de minutos; los que ella tardaba en sonreír. Siempre estaba sonriendo. Era pobre, como él, como Cassie, Dani o Joseph, pero ella siempre estaba sonriendo, menos esa mañana.
Al día siguiente averiguaría que le ocurría. El reloj de la iglesia tocaba las diez justas. Empezó a nevar.

Echó a caminar, esa semana había conseguido quedarse en un hostal si trabajaba gratis. Mejor que el banco del parque pensó. Pasó unas cuantas calles más y allí estaba el hostal pero al entrar tropezó con alguien.
-Eh, que... Oh, Cassie, ¿que haces aquí? – dijo mientras la ayudaba a levantarse. Era una cabeza más alta que él y dos años mayor. Tenía el pelo tan rubio que parecía casi blanco y unos ojos muy pequeños, aniñados, del color de las almendras.
-Te estaba buscando, ha pasado algo.
-¿Qué, que ocurre?
-Es sobre Sabine, tienes que ir a verlo – entonces ella le cogió del brazo y se lo llevó a través de la avenida, pasaron unos minutos cuando ella paró. Él no sabía que decir, por que no sabía que pasaba.
-¿No lo ves?
-Que tengo que ver en el muro del ayuntamiento...
-Fíjate un poco tonto – él negó con la cabeza, solo veía unos carteles de cine y musicales, nada que le llamara la atención. Entonces la niña le señaló con el dedo, y la vio. Sus ojos enormes, el pelo rizado y su dulce sonrisa, esa que le recordaba a los dulces de navidad. Era Sabine. Intentó descifrar las letras bajo el cartel, pero no sabía leer. Cassie seguía expectante y entonces habló:
-No sé desde cuando está puesto pero sí que es ella. Pone que la buscan, que es huérfana como ya sabemos y hay un número, por si alguien la ve. Pero la llaman Damayah S. Portland. La S será de Sabine. – él no sabía que decir, todo era muy confuso, ella continuó hablando - Deberíamos ver a Sabine, contarle todo, y que ella nos diga algo. Quizás no ha visto el cartel y no sabe nada. Mañana
la buscaremos, es ya muy tarde. Hasta mañana.
Observó como se marchaba, Cassie era la última persona que había conocido, ella llevaba solo unos meses en la ciudad pues siempre iba de país en país con su hermana mayor. Le gritó adiós antes de que cruzara la calle. Esa fue la última vez que la vio.
Se fue sonriente al hostal, saludó al dueño, que estaba descansando tras el mostrador con un cigarrillo apagado en la boca, y se fue al cuarto del material y se acomodó en el rincón junto con las sabanas y cojines, ya no hacía frío. Y empezó a pensar en Sabine, o Damayah...  Recordó el día que la había conocido.
Hace no mucho tiempo, se la encontró en el parque, junto con Joseph, ella llevaba ropa desgastada y una libreta en la mano. Saludó a Joseph y observó a la chica, era tan diferente. No paraba de escribir y entonces Joseph o “riese” como le gustaba decirle, empezó a hablar.
-Esta es Sabine, no habla y no me quiere decir por qué. Solo escribe en el cuaderno, según ella no recuerda como llegó aquí ni nada. Solo que está buscando algo y no sabe qué. Dice que se siente confusa... No sé que decirle.
Asintió, Joseph miraba el cuaderno. Le encantaban las letras, era él único, junto con Cassie, que sabía leer. Tendría unos diecisiete años. Era moreno y muy alto, odiaba la política y el arroz. Entonces ella levantó la mirada, tenía los ojos más dulces y cálidos que jamás había visto, parecía caramelo derretido. Lo miró de tal manera que le hizo sentir culpable, por todo lo que había hecho, robar, pegar, romper... Se sintió extraño y se marchó. Ni siquiera le dijo nada. Ella sonrió, ella sabía que él era especial, siempre lo había sabido.
Él sabe que Sabine no dice nada por que piensa que las palabras son demasiado importantes, Sabine hace que él cambie. Él se siente mejor persona con ella, en realidad, desde que ella llegó él ha cambiado mucho. Ahora es mejor. Él sabe como hablar con Sabine, él sabe como leer su mirada.
Ahora cierra los ojos y duerme, con el sonido de la caldera en sus oídos.

-Despierta, despierta.
-Eh, pero ¿Joseph, que haces aquí?
-Ha ocurrido algo, vamos, vístete. Tengo que hablar contigo.
-Pero, ¿qué dices? No entiendo nada. – Joseph se limita a urgirle con la mirada.
En cinco minutos están los dos en marcha, el frío de la madrugada los encuentra, y sin piedad, intenta congelarlos. Él tirita, Joseph le tiende su bufanda.
-¿Me vas a contar que pasa?
-Sí. Tienes que creerme, y no hacer preguntas... – Joseph le mira vacilante, frunce tanto el ceño que sus cejas casi se rozan. Él asiente – Anoche se llevaron a mi hermano a un centro de acogida, Cassie se ha marchado hace unas horas y... Es Damayah, ella...
-Se llama Sabine – le interrumpió.
-¿Pero sabes lo de los carteles, no? Cassie te lo enseñó...
-Sí lo sé, pero ella es Sabine. Para mí lo es...
-Claro chico, es que ella, se ha ido.
-“Mist” Dios, ¿pero qué? – grita incrédulo.
-Ella me ha dejado una nota, bueno, estaba dirigida a ti. Toma. Es tuya. – miró el papel ennegrecido. ¿Cómo su caligrafía podía también ser tan dulce? – Y un cuaderno, es para aprender a leer. Parece que le importabas de verdad. Adiós amigo.
-Joseph, ¿pero...?
Él ya se había marchado y lo había dejado solo con mil preguntas, un cuaderno, y una nota indescifrable.

Esa navidad fue fría, la más fría que es capaz de recordar. Él no conocía más mundo que el de su mirada oscura, ni más palabras que sus silencios. La quería pero como se quiere a algo lejano, inalcanzable. Se pasó estudiando aquel cuaderno y mirando aquel cartel mucho tiempo. Trabajó, estudió y la echó de menos. Como si hubiera perdido una parte de él. Como si él se hubiera perdido a sí mismo en algún lugar, en algún momento. La realidad siempre fue algo triste para él, pero nunca tanto.

En la navidad del 2001, con diecisiete años, consiguió leer la nota, su nota, por fin. Lo único que ella le había dejado para recordarla, la única conexión de ella que aún le pertenecía, legítimamente
Adam, siempre he querido que sacaras lo mejor de ti. Que te esforzaras y que fueras mejor, que avanzaras. Siento haberme ido, de verdad. Pero me reclaman en otro lugar. Ya te he enseñado todo lo que sé. Siempre estaré contigo,
volveré para que nos despidamos. Feliz navidad, siempre serás mi pequeño alemán.                                                                        
 ·Sabine      

Y solo entonces, en ese momento, después de tanto tiempo, volvió a sonreír, solo por ella, por su recuerdo. Ahora parecía tenerla cerca. Se guardó la sensación y aquella promesa durante varios días, hasta un día creyó que el viento traía su aroma, luego oyó la voz. Su voz.

-Adam.
Se sorprendió, la voz era totalmente desconocida. El acento no era alemán ni inglés. Era extraño y a la vez dulce, casi musical. Sabía quién lo había llamado, no hacía falta más aclaraciones. Hasta su voz era única, y la primera de sus palabras había sido su nombre, sonrió, a pesar de todo.
Se giró y allí estaba ella, ella y su rostro dorado. La chica que amaba, la que había querido desde siempre, estaba allí delante de él, después de dos largos años. Allí, tan cerca que tenía que ser real.
-Sabine. Pero...
Estaba tan cambiada, tan diferente, su cara se había perfilado, sus pómulos se habían alzado. Su piel seguía siendo tan oscura como su pelo, ahora liso, pero seguía recordándole a la Navidad. Como siempre.
-¿Paseamos? – él asintió, se sacudió la nieve de los zapatos y empezaron a caminar – Adam, lo siento, pero es una historia larga.
-Tengo todo el tiempo del mundo – ella asintió.
-Está bien. En realidad, yo vivo en un pueblo muy pobre, lejos de aquí. Vine huyendo de mi hogar. Huí por cobardía, por pena. Allí, todo está fatal, me sentí impotente y llegué a parar aquí, tras muchos meses. Hice un juramento de silencio, hasta que viera bien el usar las palabras por qué allí nos hacen muchas promesas, pero luego nada. Aquí intenté mejorar, mejorarlo todo, a la gente, a mi, a ti...
Perdoname por haberme ido, pero mi tío me buscaba, por eso los carteles. Me encontró y me obligó a volver. No tuve remedio. Allí, por ejemplo, la Navidad no existe, no hay nieve, ni calor humano, ni caridad ni un remanso de paz en aquella jungla de odio. Yo no podía vivir así, nadie puede. Aquí, es tan diferente, la gente no es tan fría. Aquí pude ser feliz...
-¿Por qué has vuelto?
-Por que te prometí que volvería, y así he hecho. ¿Recuerdas?
-Jamás podré olvidarlo – ella le cogió la mano, era muy cálida. Era casi tan alta como él. Llevaba un vestido largo, de seda, azul, el pelo parecía una cascada negra en su espalda. – Sabes, voy a enseñarte lo que es la navidad para mí...
La llevó a los mejores sitios de la ciudad, se asomaron a las casas, familias felices, amigos pasando el rato. Gente paseando, sonriendo. La llevó a bailar bajo el gran abeto, al ritmo del jingle bells jingle bells que sonaba en la plaza. La vio sonreír de nuevo. La hizo patinar, le regaló miles de ilusiones. La hizo vivir el momento. Intentó hacerla tan feliz como ella le hacía sentir a él. Le enseñó como hacer ángeles de nieve y como “coger prestadas” unas cuantas galletas de crema de la vecina. La hizo observar las estrellas y oír a los niños cantar villancicos. La llevó a la iglesia más bonita de la ciudad, ella rezó un poco. Le mostró como conseguir copos de nieve perfectos y como satisface un poco de calor hogareño tras un día duro de trabajo. Le enseñó la felicidad de tener alguien a tu lado el último día del año. Y ella, con la cara colorada, le enseñó lo que era el cariño. Le besó, fue un beso corto, más de gratitud que de ternura. El sabor llevaba un “gracias” impreso.

-Ves para mí, esto es lo que significa la Navidad; felicidad en estado puro – ella sonrió.
-Gracias, gracias por todo. Adam, sé que vas a cambiar muchas cosas. Sé que vas a seguir esforzándote por ser mejor, y ayudar a los demás, para mi es eso lo que significa la Navidad.
-Para cada uno debe significar una cosa, una cena en familia, estar con los amigos...
-Estar con las personas que amas – sonrieron a la vez.
-¿Es una despedida, verdad? – ella asintió
-Tú me has ensañado que es la Navidad, y yo voy a enseñarle a todo el mundo que esté dispuesto a entenderlo... Necesito hacerlo...
-Lo entiendo – se abrazaron, allí, bajo aquel abeto. Él la besó, otra vez. Ella no le dejó decir te quiero. Ellos sabían que no podía ser, ellos lo aceptaban. Su destino no era ese – Te prometo que haré todo lo que pueda por ayudar, te lo prometo.
-Seré feliz con eso, sabes que yo creo en ti, siempre he creído. Adiós, mi pequeño alemán.
-Adiós mi querida Sabine
Empezó a nevar, y ella se fue, desapareció entre las avenidas, esas que había recorrido bailando con él hacía unas pocas horas, que ahora parecían lejanas. Se marchó con lágrimas en los ojos, dejando atrás todo, se marchó, esta vez sin notas, ni cuadernos, solo con una promesa. Ella se fue, aunque esa vez fue para siempre.


Después de unos años Adam estudió y consiguió publicar un libro llamado El valor de la Navidad y Sabine. Donó los benéficos a una ONG y se dedicó en cuerpo y alma a ellas. Y también la buscó, a ella, pero jamás la volvió a ver. Pero aún le quedaba aquel recuerdo, sus palabras, aquel beso y la Navidad más feliz de toda su vida.



(Premio cuento de navidad 2009 2º puesto)

Always


                                                  

Hola...

 No se ni de donde saco el valor para escribirte. Sé que mi decisión es la correcta, pero si es así, no se por que siento que estoy cometiendo un error... No se como decírtelo, como explicarte lo que ahora siento. Mis palabras se marcharon contigo la última vez que te vi.



Solo puedo decirte que tú has dejado hecha ruinas mi decisión y voluntad.

Nos conocimos con once años, eras borde, perspicaz y perfecto. Durante seis largos años reí, ame y llore. Te echaba de menos cuando no estabas cerca y sentía celos cuando hablabas con otra. Siempre nos imaginaba juntos, con tu voz grave e intensa en mi oído, con tus manos efímeras recorriendo mi piel...

No se cuando me di cuenta de lo que significabas para mi, pero cuando me miraste y sonreíste, ya sabes, estirando los ojos, esos de color claro, levantando las mejillas y colocando una media sonrisa en tu mandíbula recta, supe que contigo todo iba a ser diferente. Eras tan incierto. Un día me di cuenta de que quería mas de ti, ya no me servia escuchar tu voz lejana ni ver tus fotos mudas ni tus palabras eternas. Yo que me limitaba a espiarte entre susurros. Me di cuenta por que te vi y necesite mas, mucho mas. Siempre nos hablábamos por medio de otras personas, nos respondíamos con sonrisas tímidas. Ya no me servia saber que eras feliz y que jamás te iba a tener.

Te necesitaba, te necesito, como no he necesitado nada en toda mi vida.

Y deseaba tener mil excusas para acercarme y no se cuantas más para retenerte conmigo. No tenia, ni tengo, una explicación coherente para mi anhelo...

...

Ahora nos encontramos aquí, después de tanto tiempo, en la universidad de Madrid. Cuando te vi entrar por aquella puerta, lo que sentía por ti, tras años de silencio, volvió a mí. Al segundo el odio nublaba mi vista. ¿Qué hacías allí? No habías cambiado nada... Tu presencia perturbaba tanto mi ser.

 Y ahora dices que me quieres, me besas, te vas durante tres días y luego vienes a por mí y yo te rehúso con inseguridad. Te quiero, y lo sabes. Si mis besos y actos no te lo han demostrado nada lo hará. He dejado tanto por ti: a él, mis clases de guitarra y parte de mi.

Pero he tomado mi decisión. ME MARCHO. Voy a terminar con esto. Por que tienes esa faceta destructiva, pues todo lo que tocas queda reducido a vestigios.
Somos tan complicados, tan necios, creemos que el destino es nuestro. No es así.



Y no vas a destrozar mi mundo. No vas a destruir lo poco que tengo, no te dejare.


Dios. Me sorprendo de estar llorando, me va a costar tanto sacarte de mí.
Nuestros días quedan atrás, nada de escapadas en tu Harley...

¿Pero que será de mí sin volver a pasar mis dedos por tu cabello revuelto?

Oh. No quiero dejarte ir, pero tengo que hacerlo...
Nos hemos amado como dos locos que no poseen nada más que sus cuerpos y un poco de tiempo libre en un parque publico.

No puedo seguir aquí en Madrid, cada rincón de esta maldita ciudad me recuerda a ti, es como una firma impasible al paso del tiempo. Te he deseado tanto y ahora...
Esto me viene grande. Tengo solo veinte años y una vida por delante y no quiero sentirme así, tan atada a ti.
Se que mi destino no es ese.

Tu siempre fuiste un ser libre.
Se que jamás podré cambiarte, ni atarte. Ni siquiera quiero intentarlo. Es la faceta que mas amo de ti. Eres tan único...

Se que al hacer esto estoy perdiendo vivir muchas sensaciones y momentos contigo pero si me quedo... ¿qué no perderé?

Eres demasiado destructivo para mí.

Este siempre será el mejor año de mi vida. Nada ni nadie podrá cambiar eso. Esta carta te llegara una semana después de mi marcha. Ya sabes por que estaba tan triste nuestra ultima noche, duele tanto dejarte atrás. No habrá más noches como las nuestras. Frenesí y cariño...

No puedes imaginar lo que voy a echar de menos el despertar y no tener tu rostro cerca
devorándome con la mirada.
Jamás pensé que ocurriría algo así. Pero si, después de tantas noches, de tantos silencios y miradas de anhelo todo desaparece. Se que es posible que no me entiendas, ni yo puedo.
No voy a olvidar nada, no seria justo.

Tú me has dado tanto. Has hecho más de lo que jamás podrás llegar a imaginar...

Tu presencia era ya demasiado para mi...
 Ojala este equivocada y tenga que volver llorando a tu regazo. Si eso ocurre se que tu no me estarás esperando, pero eso ya no importa, ya no.
 Recuerda que quiero que seas feliz ante todo. Y libre. Como siempre lo has sido. Cuando dentro de unos años me vuelvas a encontrar en tu camino, llámame. Y me gustara tanto sentir que nada ha cambiado. Ni ese deseo mutuo ni esa mirada tuya tan soberbia...

Te amo.


SIEMPRE tuya...

Alicia Marian

dame papel y un lapiz que te voy a hacer el amor a base de versos...

¿Que me pides? Cariño no sabes lo perdida que estoy
Pero luego me traes tantas caricias y tantas prisas
que me da la risa cuando te vas y te dejas los labios en mi garganta
No habrá más felicidad que tu sonrisa y tu mano bajo mi camisa
y una tras otra perderme entre tanto susurro y sudor
Que suspira, suspira y yo me rompo
Pero que más da si me hace cosquillas cuando por la noche le recuerdo...
No es amor quizás solo sexo por sexo
pero tan bueno y tan bonito como la relación más larga
No te vayas, pero vuelve cuando puedas ya sabes
que mis sentidos se tuercen y enredan cuando te acercas
pero se entristecen cuando te alejas

                                                 existe el amor de piernas para abajo y el                     
                                                       amor que inventamos nosotros cada noche




todos mis instintos renacen kuando te escucho

Por que son muchos días de odio y rabia...
pero me basta recordarte pá saber ke todo va a salir bien



Recuerdo que cuando llegaba a casa me fumaba el ultimo cigarrillo
y pensaba que algún día se iba a acabar todo aquello
pero nunca me imaginé como sería yo tras sobrepasar todo eso
y ahora me miro, y no me encuentro
y los recuerdos los dejé debajo de tu cama
y mi cordura bajo tus sábanas...
siempre pensé que nunca se iba a acabar esa avaricia
ni las ganas de necesitarnos después de cada calada
pero ahora solo me quedan las cenizas
de todos los cigarrillos que me fumé en tu mirada


Ahora nos corremos... antes VOLÁBAMOS

-

ando enganchado a ti komo al trikoma...


~Las noches de alcohol, despertarnos con resaca, el encontrarte siempre al otro lado de mi cama, las ansías, tu puto frenesí cuando te besaba el cuello, las ganas de inmolarnos, moderte, los días interminables y las noches intensas; en tu cama, en la mía, en tu coche... las veces que te odiaba y en las que te quería comer, las risas, tu sonrisa, el olor de tu camisa gris, mis bragas debajo de tu cama, las ganas de devorarnos, sentir, instintos, los amaneceres a tu vera...





Si no lo hubiera echo el tiempo, la avaricia hubiera acabado con nosotros...

donde quieras, donde sea


Sin ti, los amaneceres no volverán a saber igual